
Y así después de tanta dicha la esposa dio a luz, fue atendida por cuatro comadronas. Entonces, entonces... ¡que te diré! La mujer parió un lagarto, no un ser humano. Su cuerpo era de saurio, sólo la cabeza era humana, ¡Resignaos!, debe ser Dios quien les ha enviado este lagarto, de tanto que le pedisteis, decían las comadronas.
Así fue que lo criaron, el asqueroso animal mamaba de los pechos de su madre, y cuando cumplió cinco años aprendió a hablar, pero no podía erguirse, avanzaba arrastrándose.
Entonces, cuando cumplió dieciocho años, pidió mujer, “deseo casarme” ¿cómo puedes tú casarte?, preguntó su madre “¿Y para qué tienes tantas riquezas? ¡Hacedme casar! Sin duda para eso me pedisteis, pues yo no os pedí venir”, dijo el lagarto. Es así que los padres pedían muchachas para él. Todos sabían que el hijo de este hombre poderoso era un lagarto. Pero como era inmensamente rico, los padres de muchachas entregaban a sus hijas.
Cada matrimonio del lagarto era esplendoroso. Las novias eran bellísimas, luego de la ceremonia los encerraban el cuarto con tres candados. El lagarto apagaba la vela y ordenaba a sus esposas ¡Acuéstate! Ellas obedecían y en el acto eran devoradas por el lagarto.
Cada matrimonio del lagarto era esplendoroso. Las novias eran bellísimas, luego de la ceremonia los encerraban el cuarto con tres candados. El lagarto apagaba la vela y ordenaba a sus esposas ¡Acuéstate! Ellas obedecían y en el acto eran devoradas por el lagarto.
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